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Perú y Japón aplican tecnología 3D para proteger Machupicchu

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La tecnología 3D en Machupicchu abre nuevas posibilidades para proteger uno de los principales patrimonios culturales del Perú. Mediante registros digitales de alta precisión, especialistas podrán contar con más información para monitorear el parque arqueológico, identificar zonas vulnerables y mejorar la planificación de las acciones de conservación.

La iniciativa forma parte del proyecto piloto 3D-SACURA, desarrollado mediante la cooperación técnica entre la Dirección Desconcentrada de Cultura de Cusco, la Agencia de Cooperación Internacional del Japón (JICA) y la empresa japonesa FUTABA Inc. El proyecto concluyó con una ceremonia en la Casa Garcilaso, en Cusco, donde autoridades peruanas destacaron el papel de la innovación en la protección del patrimonio y el desarrollo turístico.

Además de generar registros digitales, la iniciativa permitió fortalecer las capacidades de 17 especialistas peruanos e incluyó la transferencia de equipos y software especializados. Estas herramientas están orientadas a mejorar el conocimiento del sitio, reconocer áreas vulnerables y contribuir a la prevención de riesgos naturales que pueden afectar al patrimonio y a los visitantes.

¿Cómo funciona la tecnología 3D en Machupicchu?

La documentación tridimensional permite representar con detalle las estructuras y los espacios de un sitio arqueológico. Esta información puede servir como referencia para evaluar su estado de conservación y detectar cambios que requieran una inspección técnica.

En un lugar como Machupicchu, donde las estructuras históricas conviven con un entorno natural complejo y una importante afluencia turística, disponer de información precisa resulta especialmente valioso. Los registros digitales pueden ayudar a los equipos técnicos a planificar intervenciones y priorizar zonas que necesitan mayor atención.

Sin embargo, la tecnología no sustituye el trabajo de los especialistas ni elimina los riesgos naturales. Su utilidad depende de la calidad de los registros, la actualización de la información y la capacidad de las instituciones para convertir esos datos en medidas concretas de prevención y conservación.

El proyecto también contempló la transferencia de equipos y programas informáticos. Esto permite que el conocimiento técnico no se limite a una demostración puntual, sino que pueda incorporarse a las labores de gestión, siempre que se garantice el mantenimiento de los equipos y la continuidad de la capacitación.

Cooperación entre Perú y Japón para proteger el patrimonio

La participación de JICA refleja el papel de la cooperación internacional en la transferencia de tecnología y conocimientos especializados. Japón mantiene iniciativas de cooperación técnica en distintos países, mediante las cuales comparte experiencias y herramientas adaptadas a las necesidades de sus socios.

En el caso peruano, esta colaboración busca fortalecer las capacidades nacionales para conservar un patrimonio de relevancia mundial. La participación de FUTABA Inc. aporta el componente empresarial y tecnológico, mientras que las instituciones peruanas están vinculadas con la gestión y protección del sitio arqueológico.

El ministro de Comercio Exterior y Turismo, Rogers Valencia, destacó durante la clausura que la innovación tecnológica puede contribuir a una mejor planificación de los destinos turísticos. También subrayó que Machupicchu representa mucho más que un atractivo internacional: forma parte de la memoria y la identidad del país.

La experiencia muestra cómo la cooperación técnica puede conectar la protección cultural con la gestión pública. No obstante, para mantener sus beneficios será necesario asegurar que los equipos, los conocimientos y los registros continúen utilizándose después del cierre del proyecto piloto.

Turismo sostenible: el desafío de convertir recursos en destinos competitivos

La conservación de Machupicchu tiene también una dimensión económica. El turismo genera actividad para operadores, guías, alojamientos, restaurantes, transportistas y otros negocios que dependen de la llegada de visitantes a Cusco.

Por ello, proteger el patrimonio y mejorar la gestión turística son objetivos que deben avanzar juntos. Una planificación adecuada puede contribuir a mejorar la experiencia del visitante y reducir los riesgos que comprometen la conservación del sitio.

Durante el evento, Valencia planteó otro desafío para el sector: convertir los recursos turísticos del Perú en productos capaces de atraer visitantes y generar oportunidades económicas. Mencionó destinos como Choquequirao, Waqrapukara y Písac, que necesitan mejores condiciones de accesibilidad, infraestructura, alojamiento, alimentación y servicios básicos.

La reflexión es relevante porque un atractivo turístico no se convierte automáticamente en un destino consolidado. Se requiere conectividad, servicios confiables, información para los viajeros y una gestión que proteja el entorno cultural y natural.

En ese escenario, las herramientas digitales pueden aportar información para planificar mejor los destinos. Sin embargo, deben complementarse con inversiones, coordinación entre instituciones y participación de las comunidades locales.

¿Qué significa este proyecto para Cusco y el Perú?

Para Cusco, mejorar la conservación de Machupicchu significa proteger un patrimonio que sostiene una parte importante de su actividad turística. Una gestión más precisa puede ayudar a preservar el atractivo del sitio y fortalecer la confianza de quienes lo visitan.

A nivel nacional, el proyecto puede ofrecer aprendizajes para evaluar el uso de tecnologías similares en otros lugares históricos. Cada sitio, sin embargo, requiere una evaluación propia de sus riesgos, condiciones técnicas y necesidades de conservación antes de replicar una solución.

La ceremonia de clausura contó con la participación del ministro de Cultura, Alberto Beingolea; la viceministra de Turismo, Liz Chirinos; el representante residente de JICA en el Perú, Hosokawa Yukinari; la directora de la Dirección Desconcentrada de Cultura de Cusco, Úrsula Paz Zúñiga; y el jefe del Parque Arqueológico Nacional de Machupicchu, César Medina, entre otras autoridades y especialistas.

El siguiente paso: mantener los resultados en el tiempo

La conclusión del proyecto piloto marca el cierre de una etapa de cooperación, pero su impacto dependerá de la continuidad de las acciones. Será importante mantener los equipos operativos, actualizar los registros digitales y asegurar que los especialistas puedan aplicar los conocimientos adquiridos.

También será necesario evaluar los resultados de la tecnología en las tareas de conservación y prevención de riesgos. Esa evidencia permitirá determinar qué herramientas ofrecen mayores beneficios y si pueden adaptarse a otros sitios patrimoniales del país.

La experiencia 3D-SACURA muestra una vía para combinar cooperación internacional, innovación y protección cultural. El reto ahora es convertir esa experiencia en una capacidad permanente que contribuya a conservar Machupicchu y a desarrollar un turismo sostenible para las próximas generaciones.

https://bilateralnoticias.com/peru-reune-a-mas-de-30-delegaciones-para-debatir-el-financiamiento-sostenible/ https://www.jica.go.jp/spanish/

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