El tratamiento de aguas residuales en Perú podría dar un nuevo paso con el respaldo de la cooperación neerlandesa. El Ministerio de Vivienda, Construcción y Saneamiento (MVCS) suscribió un acuerdo con IHE Delft Institute for Water Education, de los Países Bajos, para promover soluciones tecnológicas, fortalecer las capacidades de los profesionales peruanos y aprovechar mejor el agua tratada.
La alianza apunta a uno de los desafíos centrales de los servicios públicos: gestionar las aguas residuales de manera eficiente y sostenible. Esto no solo implica mejorar las plantas de tratamiento, sino también encontrar formas seguras de reutilizar el agua y recuperar recursos que actualmente pueden perderse durante el proceso.
El acuerdo se produce en un escenario en el que la gestión del agua requiere soluciones técnicas, inversión y personal especializado. Para el Perú, la cooperación internacional puede facilitar el acceso a conocimientos que ayuden a mejorar la planificación y operación de los sistemas de saneamiento.
¿Qué contempla el acuerdo entre Perú y Países Bajos?
El memorándum de entendimiento fue firmado por el viceministro de Construcción y Saneamiento, Carlos Lezameta Escribens, y el rector de IHE Delft, Graham Jewitt. La embajadora del Perú en los Países Bajos, Franca Deza Ferreccio, participó en la suscripción durante una misión técnica oficial del sector Vivienda.
La cooperación contempla cuatro áreas principales: optimización de las plantas de tratamiento de aguas residuales (PTAR), manejo de lodos, reúso seguro del agua tratada y recuperación de recursos bajo modelos de economía circular.
Estas líneas de trabajo buscan aprovechar mejor la infraestructura existente y promover alternativas para reducir el desperdicio de recursos. Por ejemplo, el reúso del agua tratada puede contribuir a cubrir determinadas necesidades no potables, siempre que se cumplan los requisitos sanitarios y ambientales correspondientes.
Por otro lado, la recuperación de recursos permite explorar cómo convertir algunos residuos del tratamiento en insumos aprovechables. Sin embargo, la aplicación de estas alternativas dependerá de su viabilidad técnica, económica y ambiental en cada proyecto.
Capacitación técnica y proyectos piloto
Uno de los componentes centrales de la alianza será la formación de profesionales y funcionarios peruanos. Para ello, el acuerdo prevé cursos especializados, talleres, intercambios técnicos, mentorías y aprendizaje basado en casos reales.
El objetivo es que los conocimientos adquiridos puedan trasladarse a la formulación, ejecución y operación de proyectos de agua y saneamiento. En la práctica, esto significa fortalecer las capacidades de quienes planifican, supervisan y gestionan estos servicios.
La cooperación también contempla proyectos piloto, herramientas y metodologías que puedan adaptarse a las condiciones del país. Estas experiencias permitirían evaluar alternativas y generar aprendizajes antes de replicar soluciones en otros lugares.
Además, las instituciones involucradas podrán identificar oportunidades de mejora y evaluar posibles inversiones. Este punto resulta importante porque una tecnología puede funcionar en un contexto internacional, pero necesita ajustarse a las condiciones locales, los costos operativos y las capacidades de cada entidad.
¿Por qué los Países Bajos son un socio estratégico?
Los Países Bajos cuentan con experiencia reconocida en gestión del agua, infraestructura hidráulica y formación especializada. Su exposición histórica a los riesgos asociados al agua ha impulsado el desarrollo de conocimientos técnicos e instituciones dedicadas a este campo.
En ese escenario, IHE Delft aporta un perfil especializado en educación e investigación sobre recursos hídricos. La colaboración abre una vía para acercar esa experiencia al sector peruano y explorar soluciones adecuadas a sus necesidades.
No obstante, la transferencia de conocimientos no garantiza por sí sola mejores servicios. Los resultados dependerán de la continuidad de los programas de capacitación, la disponibilidad de recursos y la capacidad de las entidades peruanas para convertir las propuestas técnicas en proyectos concretos.
¿Qué impacto puede tener para el Perú?
El principal beneficio potencial está en mejorar la gestión del saneamiento y promover un uso más eficiente del agua. Una operación adecuada de las plantas de tratamiento puede contribuir a reducir los riesgos de contaminación y proteger los ecosistemas, siempre que las mejoras se implementen y mantengan correctamente.
También existen oportunidades para las ciudades y las actividades productivas. Cuando las condiciones técnicas lo permiten, el agua tratada puede destinarse a determinados usos no potables, lo que ayuda a diversificar las fuentes disponibles y reducir la presión sobre el agua de mejor calidad.
Para las empresas, los proyectos de saneamiento pueden abrir espacios de participación en ingeniería, construcción, operación, mantenimiento y soluciones tecnológicas. A su vez, una gestión más sostenible de los recursos puede beneficiar a las actividades económicas que dependen de la disponibilidad de agua.
Sin embargo, el impacto final dependerá de la ejecución. El memorándum establece un marco de cooperación, pero no equivale por sí mismo a la construcción de nuevas plantas ni confirma inversiones específicas o metas de cobertura.
Cooperación hasta 2027: ¿qué viene ahora?
Las actividades conjuntas tendrán como horizonte de trabajo el año 2027 y abarcarán el tratamiento de aguas residuales, el saneamiento, la economía circular y el fortalecimiento institucional. El memorándum tendrá una vigencia de cuatro años y estará sujeto a evaluaciones anuales de eficacia y eficiencia.
El siguiente paso será traducir las líneas de cooperación en actividades concretas: programas de formación, identificación de proyectos piloto y evaluación de alternativas que puedan aplicarse en el país.
La principal prueba será comprobar si los conocimientos compartidos se convierten en mejoras medibles en la operación de las plantas, el aprovechamiento del agua tratada y la gestión de los servicios.
Para el Perú, la alianza con los Países Bajos representa una oportunidad de fortalecer sus capacidades técnicas mediante la cooperación internacional. El reto será sostener ese aprendizaje y convertirlo en soluciones que mejoren el saneamiento, protejan los recursos hídricos y generen beneficios para la población.
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