La cooperación entre Perú y España contra incendios forestales suma una nueva iniciativa para reforzar la preparación de los equipos que protegen los ecosistemas del país. El Ministerio del Ambiente (Minam), mediante el Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado (Sernanp), capacita a 25 especialistas que podrán formar a nuevos combatientes forestales en distintas regiones.
La formación se desarrolla del 19 al 24 de octubre en el centro de formación de combatientes forestales del Santuario Histórico de Machupicchu, en Cusco. Participan especialistas de áreas naturales protegidas de administración nacional, áreas de conservación regional y del sector Cultura.
El programa cuenta con el apoyo técnico de la Asociación En el Medio, de España, y la participación del Proyecto ACR+ de Profonanpe. Su objetivo es fortalecer las capacidades técnicas y operativas del personal que interviene en emergencias forestales.
Formación de instructores para ampliar la respuesta nacional
La capacitación contempla cinco módulos: comportamiento del fuego, seguridad, liderazgo operativo, técnicas de extinción y control de emergencias. La formación de instructores busca que los conocimientos adquiridos puedan replicarse y llegar a más equipos en el territorio nacional.
Este modelo tiene una ventaja operativa: en lugar de limitar la capacitación a un grupo de combatientes, prepara a especialistas para enseñar procedimientos y compartir experiencias con nuevas brigadas.
Según José Carlos Nieto Navarrete, presidente ejecutivo del Sernanp, el país cuenta con 850 combatientes forestales y cuatro nodos estratégicos de respuesta. La entidad considera que ampliar la formación es fundamental para reforzar la primera línea de defensa frente al fuego.
La efectividad de esta estrategia dependerá también de que los instructores puedan desarrollar nuevos cursos, de la disponibilidad de equipos y de la coordinación entre autoridades nacionales, gobiernos regionales y comunidades.
Incendios forestales: el desafío para los ecosistemas y las comunidades
La preparación de personal especializado adquiere relevancia ante las emergencias que afectan a las áreas naturales protegidas. Según el balance publicado por el Sernanp en octubre, durante 2026 se habían atendido y extinguido 56 incendios forestales en 20 áreas naturales protegidas y sus zonas de amortiguamiento, distribuidas en 12 regiones.
Estas emergencias no representan únicamente un problema de conservación ambiental. El fuego puede afectar la biodiversidad, los hábitats de especies silvestres, los recursos naturales de los que dependen las poblaciones y actividades económicas vinculadas al territorio.
En lugares como el Santuario Histórico de Machupicchu, la protección del entorno natural también está relacionada con la conservación de un patrimonio cultural de importancia internacional y con la continuidad de la actividad turística.
Por ello, la respuesta requiere más que equipos para extinguir incendios. También necesita prevención, personal preparado, protocolos de seguridad y coordinación con las comunidades que viven cerca de las zonas expuestas.
La cooperación española fortalece capacidades técnicas
La colaboración entre el Sernanp y la Asociación En el Medio tiene antecedentes. En febrero de 2026, ambas instituciones desarrollaron un curso de formación de instructores dirigido a personal de áreas naturales protegidas y áreas de conservación regional, con apoyo del Proyecto ACR+ de Profonanpe.
El trabajo conjunto también ha incluido donaciones de equipos de protección personal y herramientas especializadas para la atención de emergencias. En 2024, el Sernanp informó sobre la entrega de equipamiento destinado a áreas protegidas priorizadas por su exposición a incendios forestales.
Durante la capacitación actual se entregaron 30 equipos de protección y herramientas especializadas, incluida una motosopladora. El aporte material complementa la formación técnica y permite reforzar las condiciones de trabajo de quienes participan en las operaciones.
Jesús Ángel Huertas, líder del equipo de En el Medio de España, señaló que la cooperación busca compartir conocimientos acumulados durante años de experiencia frente a los incendios. También indicó que se avanza con tres cursos especializados para preparar a los combatientes peruanos ante los desafíos asociados al cambio climático.
El reconocimiento a la experiencia de los guardaparques
La jornada también rindió homenaje a dos integrantes del personal forestal por su trayectoria y compromiso con la protección de las áreas naturales.
Constantino Quispe Almirón fue reconocido por más de 25 años de servicio y por pertenecer a la primera promoción de bomberos forestales especializados del Perú. También se distinguió a Elodio Dávalos Mayhua, con 24 años de trayectoria y reconocido liderazgo durante la atención del incendio de Rocabamba, en Ollantaytambo.
Estas experiencias reflejan el valor del conocimiento acumulado en el territorio. Los procedimientos técnicos son esenciales, pero la experiencia práctica y el liderazgo también cumplen una función importante al momento de coordinar equipos bajo condiciones de riesgo.
En la actividad participaron Lorena Durand Vivanco, de Profonanpe; Vladimir Ramírez Prada, jefe del Santuario Histórico de Machupicchu; y José Loayza Palomino, presidente de la comunidad de Piscacucho.
El reto: convertir la capacitación en prevención efectiva
Para el Perú, la siguiente etapa será traducir la formación de estos 25 instructores en más personal capacitado, protocolos compartidos y mejores condiciones de respuesta en las regiones.
La cooperación internacional puede aportar conocimientos y equipamiento, pero sus resultados a largo plazo también dependerán de la continuidad de los programas, los recursos disponibles y la participación de las comunidades locales.
El desafío no consiste únicamente en reaccionar cuando aparece el fuego. Implica fortalecer la prevención, mejorar la preparación antes de las temporadas de mayor riesgo y proteger tanto los ecosistemas como a las personas que viven en sus alrededores.
La iniciativa impulsada en Machupicchu representa un paso en esa dirección. Su impacto real se medirá por la capacidad de ampliar la formación, reducir la vulnerabilidad y responder con mayor eficacia ante futuras emergencias.
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